31 de agosto de 2010

Dulce fuego en mi corazón



La primera vez que yo recuerdo de esa clase interior de gran deleite en Dios y de las cosas divinas, eso que yo he vivido mucho desde entonces, fue al leer esas palabras en I Timoteo "Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos, amén". Al estar leyendo esas palabras, vinieron a mi alma, y fue como si hubieran derramado en ella, una sensación de la gloria del Divino Ser; una nueva sensación, bastante diferente de cualquier cosa que hubiera experimentado anteriormente. Nunca ninguna de las palabras de la Escritura me habían parecido como estas palabras lo hicieron. Pensé para mí mismo, que excelente era ese Ser!, y qué feliz debería ser yo, si pudiera gozar a ese Dios y ser arrebatado al cielo hasta Él; y estar como si hubiera sido absorbido en Él para siempre. Yo continuaba diciéndolo, y como si estuviera cantando estas Escrituras para mi mismo; y me fui a orar a Dios para que pudiera gozarlo a Él; y oré de una manera bastante diferente a la que estaba acostumbrado con una nueva clase de afecto.


Desde ese momento comencé a tener una nueva clase de comprensión e ideas de Cristo, y la obra de redención, y el camino glorioso de la salvación por medio de Él. Un sentimiento interno, dulce de estas cosas, por momentos, venía a mi corazón; y mi alma era conducida lejos en visiones placenteras y de contemplación. Y mi mente estaba grandemente comprometida a pasar mi tiempo en la lectura y meditación acerca de Cristo, en la belleza y excelencia de su persona, y la amorosa forma de salvación por la gratuita gracia en Él.


Y encontré de tiempo en tiempo una dulzura interior que me elevaba en mis contemplaciones. Esto yo no sé cómo expresarlo de otra manera, que como una quieta y dulce abstracción del alma de todas las preocupaciones de este mundo; y algunas veces una especie de visión, o ideas e imaginaciones de estar solo en las montañas, o en algún paraje solitario, lejos de toda la humanidad, conversando dulcemente con Cristo. Y envuelto y absorbido en Dios. El entendimiento que yo tuve de las cosas divinas, se convertía en repentino avivamiento, como si fuera, un dulce fuego en mi corazón, un ardor en mi alma, eso no se como expresarlo.


Fuente: Memorias de Jonathan Edwards

26 de agosto de 2010

Vale la pena seguir a Dios


Vivimos en un mundo facilista, todo lo queremos rápido y con el menor esfuerzo posible y cuando las cosas se complican y demandan esfuerzo y sacrificio, las abandonamos. Esto lo aplicamos en todas las áreas incluyendo la espiritual. Sin embargo, Dios no prometió que sería fácil, pero si, que valdría la pena. Y vale la pena seguir a Dios, vale la pena buscar hacer su voluntad, vale la pena servirle. Tal vez no llegues a ser rico ni famoso, pero te garantizo, que reinará en tu corazón la paz y al final del camino, cuando mires atrás, verás que valió la pena.

Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Ro. 5:2

Escrito por Rocio Salazar

22 de agosto de 2010

Dios se mueve de manera misteriosa



Dios se mueve de una manera misteriosa
para realizar sus maravillas;
planta sus huellas en el mar
y cabalga sobre la tormenta.

Santos temerosos, cobrad nuevo valor;
las nubes que tanto teméis
están hinchadas de misericordia y se abrirán
con bendiciones sobre vuestras cabezas.

No juzguéis al Señor con vuestros
débiles sentidos,
sino confiad en su gracia;
detrás de una providencia de ceño fruncido
Él esconde un rostro sonriente.

Sus propósitos madurarán con rapidez,
abriéndose hora tras hora;
el capullo tendrá amargo sabor,
pero dulce será la flor.

William Cowper
"God moves in a mysterious way"

Pon tu esperanza en el Señor; ten valor, cobra ánimo; ¡pon tu esperanza en el Señor! Salmo 27:14

Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración. Ro:12-12

Por John Piper

18 de agosto de 2010

De la mano del Señor



El camino para subir la montaña con el Buen Pastor está abierto, a veces nos parece imposible, pero el viaje empieza con el primer paso, así que pongamos nuestra mano firmemente en la de El y subamos. El nos lleva a aguas de reposo, a pastos verdes, restaura nuestra alma a medida que subimos y si caemos, no es fatal porque El nos recoge, nos pone en pie de nuevo y nos ánima con Su amor y cuando el camino sea difícil nos lleva en Sus brazos. La condición es que lo hagamos con un corazón limpio. En el valle la vista es muy diferente a la de la montaña. Allí veremos con más sabiduría y la revelación será más profunda, a medida que confiamos en Su amor, nuestro amor crecerá, nuestro corazón será más compasivo y dispuesto a ayudar a otros en el camino. Subamos, vamos a los lugares altos de la mano del Pastor, pasemos tiempo con El allí y dejemos que Su amor nos ministre, sane, y nos prepare para bajar al valle y ser testigos de Su gloria y tener la fortaleza y sabiduría para trabajar en la extensión de Su Reino.

¿Quién subirá al monte del SEÑOR? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño. Salmo 24:3-4

Fuente: Escrito por Rocio Salazar amoreterno.org

15 de agosto de 2010

Con quién estás corriendo?


En esta carrera que cada uno de nosotros corre mientras pasan los años de nuestra vida, muchas veces tropezamos, caemos, sentimos dolor, sufrimientos, frustraciones, temor a seguir adelante, y en ocasiones hasta deseos de darnos por vencidos y no continuar hacia la meta. El apóstol Pablo, al igual que cada uno de nosotros, sufrió y padeció, pero nunca desistió en su empeño de seguir adelante. En su carta a los filipenses, Pablo los exhorta a no desanimarse ante las dificultades diciéndoles: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” Filipenses 3:13-14.

El autor de la carta a los Hebreos nos alienta a correr la carrera de la fe y a perseverar hasta el fin siguiendo el ejemplo de aquellos que han ido antes que nosotros. La clave en el éxito de aquellos hombres y mujeres fue la fe. Dice Hebreos 11:1-2: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos”. Tener fe en Dios, confiar en el Señor y su fuerza nos llevará al final de la carrera, a pesar de las dificultades que encontremos en el camino. Jesús dijo a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33. Sólo tenemos que confiar. Cristo nos llevará a la meta, porque él ya corrió esta carrera. El sufrió, fue humillado, avergonzado y torturado, pero llegó a la meta obteniendo la más resonante victoria que se haya producido en toda la historia de la humanidad... “y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Por todo esto debemos correr nuestra carrera con “los ojos puestos en Jesús”. Nuestros esfuerzos no son suficientes. Separados de él, dice Jesús, nada podemos hacer. El es quien nos capacita, nos da la fuerza, la sabiduría, el valor y la persistencia para correr esta carrera exitosamente. Decide hoy cambiar tu estrategia. No continúes corriendo tú solo. Apóyate en Jesús. Busca su rostro diariamente en oración, medita en su palabra, cede a él el control de tu vida. El te llevará hasta la meta que Dios tiene preparada para ti.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Hebreos 12:1-2

Fuente: Dios te habla

Fuente 2: Predica Alcanzar a Cristo por Diego Cardona

13 de agosto de 2010

Glorificar y disfrutar a Dios


Para entender lo que el “cielo” significa, debemos imaginarnos a nosotros mismos perfectamente enamorados de Dios – embriagados, sumergidos, disueltos por esa delicia que, lejos de permanecer reprimida en nosotros… fluye de nosotros incesantemente, una y otra vez en una expresión perfecta y natural. El catecismo escocés dice que el fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de él para siempre. Pero entonces sabremos que ambos son lo mismo. Para estar totalmente gozoso hay que glorificar dirigidos a glorificarlo a El. Dios nos está invitando a disfrutar de él. - C.S. Lewis.


Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso. 1 Pedro 1:8


Señor mi Dios, con todo el corazón te alabaré, y por siempre glorificaré tu nombre. Salmo 86:12

7 de julio de 2010

amar y ser amados



Todos llevamos dentro, muy adentro, en lo más hondo de nuestro ser, dos ansias incontenibles: el ansia de amar y, más aún, el ansia de ser amados. Somos AMOR porque Dios, que es amor, nos ha hecho semejantes a Él y, más que nada, nos ha hecho semejantes a Él en el amor.

El amor es sentimiento y es donación. Es conquista, es entrega y es posesión. Y todo eso junto, al ser disfrutado, crea en la persona una satisfacción tan especial, tan honda y única, que puede ciertamente sentirse, experimentarse y gozarse, pero resulta imposible quererla explicar.

Jesucristo dijo de Sí mismo que, al ser levantado de la tierra en la cruz, atraería todas las miradas y todos los corazones hacia Sí. Además, no se avergonzó de manifestar sus ansias de amor, cuando dijo a los apóstoles, horas antes de morir: - ¡Permaneced en mi amor!... (Juan 15,9) Jesucristo daba amor, al morir por todos. Pedía amor, en justa correspondencia. Y aseguraba que tendría amor, que sería un verdadero conquistador de corazones...

Amar es un compromiso serio. ¿A quién amamos? ¿Cómo hemos de amar? ¿De qué manera hay que manifestar el amor del corazón?...

Al formular estas preguntas, nuestra imaginación y nuestro pensamiento se encaminan por muchas direcciones, todas buenas, todas legítimas. Porque hablamos de los amores más puros que pueden existir. Podríamos hablar de esos amores humanos tan bellos y tan necesarios. Pero ahora dirigimos la mirada solamente a Dios, que es el que garantiza la legitimidad de todos esos amores.

Amar a Dios, a quien no se ve, parece que puede ser una cosa difícil. Mejor dicho, parece que puede ser algo real, sí, pero que nunca llegará a ilusionarnos, porque no sentimos nada. Decirle a Dios: ¡Te amo! ¡Te quiero!, puede dejarnos indiferentes y hasta fríos... Pero, no. Amar directamente a Dios es una experiencia mística propia de todo cristiano. Le decimos a Dios ese ¡Te amo! y se nos esponja el corazón.

Porque ese amor no nos nace espontáneamente a nosotros. Es algo que nos viene del mismo Dios. Seríamos incapaces de hacerlo por nuestra cuenta, si el Espíritu Santo no nos pusiera ese sentimiento en el corazón, y no fuera Él quien nos dictara esas palabras. Nuestra oración puede consistir en muchas expresiones del alma que habla con Dios. Todas son buenas y todas nos santifican. Pero la oración alcanza las alturas más subidas cuando el alma se derrama ante Dios exteriorizando lo que el Espíritu Santo nos dicta como lo más sublime que podemos decir: ¡Dios mío, te amo!... ¡Jesús, te quiero!...

Este amor directo a Dios no roba nada a los otros amores. Al revés, los purifica, los hace mucho más auténticos, los asegura convirtiéndolos en permanentes. El amor, todo amor legítimo, viene de Dios y lleva a Dios. El amor, entonces, informa la vida entera. Y nos hace eso: amadores y amados. Total, como Jesucristo, como el mismo Dios. Fuente: Riial

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Dt. 6:5

A los que me aman, les correspondo; a los que me buscan, me doy a conocer. Pr. 8:17

Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado. Rom. 5:5

Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios. Efesios 3:17-19

Si alguien reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. 1 Juan 4:15-16

25 de junio de 2010

Vendrá la alegría



Hay personas que anhelan que llegue la noche para ir a descansar, otros quisieran evitarla porque es el momento en que están solos y vienen a su mente pensamientos que los atormenta.

La noche es sinónimo de oscuridad, final del día, donde mora el silencio, donde todo cesa. La noche es linda, cuando tiene estrellas, cuando la luna está en todo su esplendor. Pero qué de esas noches sin luna y sin estrellas, todo alrededor toma otra apariencia. Porque sólo hay oscuridad y hasta puede provocar miedo, porque no distinguimos lo que hay a nuestro alrededor.

Sabes, allí en esa oscuridad de tu vida, donde piensas que la noche se alarga y alarga y no termina, entonces viene el lloro, el lamento, la tristeza. El lloro por la enfermedad (porque sientes que ya no puedes más), el lloro por tus fracasos por tus frustraciones porque tratas y tratas y como que no avanzas en eso que quieres y anhelas, no pasas de la orilla y te lamentas. El lloro porque te sientes solo o sola, piensas que nada ni nadie entienden tus luchas, tu situación. El lloro por tu necesidad por esa necesidad que no ha sido suplida en tu vida. El lloro por no entender lo que pasa a tu alrededor o dentro de ti. El lloro por ese problema que te agobia y oprime porque no le ves solución ni salida. El lloro por esa hija o hijo rebelde o apartado, por ese esposo o esposa, por esa madre o padre o por otro ser querido que te preocupa, pero es de noche y no ves con claridad. Y en tu lamentación y lloro te vence el cansancio por tanto pelear, por tanto esperar, por tanto llorar.

Te duermes sumergido en tu situación, en tu conformismo, te duermes en el sueño de tu pobreza física, emocional o espiritual, te duermes en el sueño de la derrota. Sí, dices: ¿Qué voy hacer?, ya nada puedo hacer…claro nosotros nada podemos hacer, el que hace todo es Él, Él con Su poder. Pero en esa noche tan oscura, tan llorada, tan agotadora, extenuante, Dios quiere consolarte, pero no lo escuchas… Sólo oyes tu lamento, tus gritos, tus reclamos, hasta dormirte en tu baño de lágrimas, de dolor.

Pero ¿Sabes algo? Yo tengo noticias para ti, ya amaneció, ya es de día, ya se fueron las tinieblas, y quizás dices: ¿Y? Bueno que en la Palabra de Dios dice: A la mañana vendrá la alegría. Ya la noche pasó, no más oscuridad en tu vida, ahora hay luz, hay claridad, ya puedes ver mejor las cosas a tu alrededor, no más temor, no más frustración, no más lloro, no más lamento…porque viene la alegría, viene Su gozo. Dice en Su Palabra que el gozo del Señor mi fortaleza es, en Su gozo ÉL nos fortalece, viene Su misericordia en tu vida; porque son nuevas cada mañana, son frescas o sea que esa mañana está cargada, repleta de bendiciones para ti. Ese sentimiento de derrota se va, porque el día trae energía, vitalidad, salud para ti, paz…

Ya amaneció, pero lamentablemente hay algunos que no se dan por enterados, es de día pero ellos todavía están en ese sueño de lamentos y lloro… pero yo te digo: ¡Despierta! Hay gozo para ti, hay victoria para ti, hay salud para ti, Él te suple, te bendice, te llena, Él contesta esa petición, El resuelve ese problema o dificultad, Él liberta a ese ser querido que está atado…

¡Despierta! , ya pasó la noche, la tristeza, el dolor….. No importa cuan larga, tediosa, angustiosa, horrible haya sido la noche, disfruta la mañana que te da el Señor, llena de Su alegría… En la mañana además de venir la alegría, con fortaleza, llena de Su misericordia, también está llena de rocío. Como el rocío desciende sobre la hierba y no queda ni un solo rinconcito que no sea mojado o empapado por el, así Dios a través de su Santo Espíritu quiere impregnarnos de Su poder, de Su presencia, para refrescar tu vida. El Señor busca saturar todo nuestro ser con el rocío del cielo...

¿Todavía es de noche en tu vida? Estás sumergido en ese sueño tormentoso… Quizás porque no has abierto tus ojos para ver que ya la mañana llegó, ya amaneció, así que despierta y recibe la alegría, la fortaleza, Su misericordia y el rocío del Señor.

“Por la noche durará el lloro y a la mañana vendrá la alegría”. “Has cambiado mi lamento en baile, desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría”. Salmo 30:5;11

Fuente: el alma dulce

23 de junio de 2010

La verdadera felicidad


Dios mío, tú eres mi Dios.
Con ansias te busco
desde que amanece,
como quien busca una fuente
en el más ardiente desierto.

¡Quiero verte en tu santuario,
y contemplar tu poder y tu grandeza!
Más que vivir,
prefiero que me ames.
Te alabaré con mis labios.
¡Mientras viva te alabaré!

¡Alzaré mis manos para alabarte!
¡Con mis labios te alabaré
y daré gritos de alegría!
¡Eso me dejará más satisfecho
que la comida más deliciosa!

Me acuesto y me acuerdo de ti;
durante toda la noche
estás en mi pensamiento.
¡Tú eres quien me ayuda!
¡Soy feliz bajo tu protección!
¡A ti me entrego por completo,
porque tu gran poder es mi apoyo!

Salmo 63 (Traducción en lenguaje actual)

22 de junio de 2010

Dulce Oración



Dulce rincón
Que revela tu faz
Hermosa oración
Donde inunda tu Paz.

Placer matutino
Que embriaga de Dios
Y vuelvo a ser niña
Cuando escucho tu voz

Preciosas noticias
recibo señor,
con tus caricias
Me lleno de amor.

Me trae el perdón
Envuelve mi ser
Cuan dulce oración
Donde vuelvo a nacer.

Poema de Patricia Olivera

6 de junio de 2010

Tu Amor



Tu amor, Señor, llega hasta los cielos;
tu fidelidad alcanza las nubes.
Tu justicia es como las altas montañas;
tus juicios, como el gran océano.
Tú,
Señor, cuidas de hombres y animales;
¡cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor!
Todo ser humano halla refugio
a la sombra de tus alas.
Se sacian de la abundancia de tu casa;
les das a beber de tu río de deleites.
Porque en ti está la fuente de la vida,
y en tu luz podemos ver la luz. Salmo 36:5-9

31 de mayo de 2010

Tu vida en la mía


¿Qué hiciera Señor yo aquí
si no te tuviera a ti?
Mi vida, triste sería
sin tu amor y compasión
sin tu cariño y perdón
y tu eterna compañía.

¿Qué hiciera Señor yo aquí?
¿Y cómo podría vivir
sin disfrutar cada día,
la preciosa salvación
y el sublime galardón
que en mi alma tú pondrías?

Si no estuvieras aquí,
muy cerquita, junto a mí,
caminar, yo no sabría.
Sin tu sabia dirección
errante anduviera yo
por este mundo, sin guía.

¿Cómo pudiera dormir
sin mi sueño a ti rendir?
¿Cómo descansar podría
sin hablar contigo, Dios
sin implorar tu perdón,
por la noche y por el día?

Siembra pues. Señor en mí,
pasión en servirte a ti,
y que no pase ni un día
sin hablarte en oración
sin tener tu bendición;
pues eres Tú mi alegría.

Por eso, vengo ante ti,
para que quites de mí,
todo lo que estorbaría
a esa hermosa relación
y una bella comunión,
como es tu vida... en la mía.

Verso de Antonio Torres Villén

24 de mayo de 2010

Narración Personal de Jonathan Edwards


Caminé solo en los pastos de mi padre, por un lugar solitario para tener un tiempo de contemplación. Y al ir caminando allí, y mirando hacia el cielo y las nubes, me vino a la mente una dulce sensación de la gloriosa majestad y gracia de Dios que no sé cómo expresar. Me pareció ver ambas en una dulce unión; majestad y mansedumbre unidas, fue dulce y apacible, y santa también; y una inmensa dulzura, una nobleza alta, grande y santa.


El aspecto de todo quedó alterado: Parecía que había ahí una calma, una dulce mirada o apariencia de la gloria divina, sobre casi todas las cosas. La excelencia de Dios, su sabiduría, su pureza y su amor, parecían estar en todo: en el sol, la luna, y las estrellas; en las nubes y en el cielo azul, en la hierba, las flores, y los árboles, en el agua y en toda la naturaleza... que se me quedaba grabada por largo tiempo en la mente. Frecuentemente me sentaba a contemplar la luna durante largo tiempo, y en el día pasaba mucho rato mirando las nubes y el cielo, para contemplar la dulce gloria de Dios en estas cosas; mientras tanto, iba cantando en voz baja mis meditaciones del Creador y Redentor.

Fuente: Personal Narrative de Jonathan Edwards.

17 de mayo de 2010

Me basta



Sólo me basta Señor

Tu Gracia en mí derramada,

Como un perfume preciado

Que por amor tú me has dado

Y así, mi vida inundada...


... Se siente cuando yo miro

Tu gloria cada mañana,

Y en la noche cuando el Sol

Se ha puesto, sigue tu amor

Iluminando mi cama.


Me basta que tú me mires

Al levantarme en el alba,

Y que tu gloria me llene

De esa luz, que de ti viene

Y que penetra en mi alma.


Me basta la dependencia

Que de ti, tiene mi vida,

Esperando como el niño

De la madre su cariño

Hasta tu pronta venida.


Me basta con esperarte,

Y con sentir tu presencia,

Y por la noche escucharte

Y en oración a ti hablarte

Sintiendo en mí, tu paciencia.


En esta noche, y a solas,

Quiero venir ante ti,

Y mañana al despertarme

Quiero en tus ojos mirarme

Y que te fijes en mí. Amén

Verso de Antonio Torres Villén

30 de abril de 2010

La decisión



Todo está en silencio. Es temprano. Mi café está caliente. El cielo aún está negro. El mundo sigue durmiendo, el día se aproxima. En pocos momentos llegará el día. Se acercará rugiendo por la vía al levantarse el sol. La quietud de la madrugada, se tornará en el ruido del día. La calma de la soledad se reemplazará por el golpeteo rítmico del paso de la raza humana.

Al refugio de la temprana mañana, lo invadirán las decisiones que deban tomarse y las obligaciones que deban cumplirse. Durante las próximas doce horas quedaré expuesto a las exigencias del día. Ahora es el momento en que debo tomar una decisión. Por causa del Calvario, tengo la libertad de decidir. Así que decido.

Elijo el amor...

Ninguna ocasión justifica el odio; ninguna injusticia autoriza la amargura. Elijo el amor. Hoy amaré a Dios y lo que Dios ama. Elijo el gozo... Invitaré a mi Dios para ser el Dios de la circunstancia. Rehusaré la tentación de ser cínico... la herramienta del pensador perezoso.

Rehusaré considerar a las personas como menos que seres humanos, creados por Dios. Rehusaré ver en los problemas algo menos que una oportunidad de ver a Dios. Elijo la paz... Viviré habiendo sido perdonado. Perdonaré para que pueda vivir. Elijo la paciencia... Pasaré por alto los inconvenientes del mundo.

En lugar de maldecir al que ocupa el sitio que me corresponde, lo invitaré para que así lo haga en lugar de quejarme porque la espera es demasiado larga, agradeceré a Dios por un momento para orar. En lugar de cerrar mi puño ante nuevas tareas asignadas, las encararé con gozo y valor.

Elijo la amabilidad... seré amable con los pobres, pues están solos. Amable con los ricos, pues tienen temor. Y amable con los malvados, pues de tal manera me ha tratado Dios.

Elijo la bondad... Prefiero estar sin un peso, antes que aceptar uno de manera deshonesta. Prefiero ser ignorado antes que jactarme. Prefiero confesar antes que acusar.

Elijo la fidelidad... Hoy guardaré mis promesas. Mis acreedores no se lamentarán de su confianza. Mis asociados no cuestionarán mi palabra. Mis hijos nunca tendrán temor de que su padre no regrese a casa.

Elijo la mansedumbre... Nada se gana por la fuerza. Elijo ser manso. Si levanto mi voz, que sólo sea en alabanza. Si cierro mi puño, que sólo sea en oración. Si hago exigencias, que sólo sean a mí mismo. Elijo el dominio propio... Soy un ser espiritual.

Luego de que haya muerto éste cuerpo, mi espíritu remontará vuelo. Me niego a permitir que lo que se va a podrir, gobierne lo eterno. Elijo el dominio propio, sólo me emborracharé de gozo. Sólo me apasionará mi Fe. Sólo Dios ejercerá influencia sobre mí.

Amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. A éstos encomiendo mi día. Si tengo éxito daré gracias. Si fallo, buscaré su gracia. Y luego cuando éste día haya acabado, pondré mi cabeza sobre la almohada y descansaré.

Fuente: Tomado del libro Cuando Dios susurra tu nombre de Max Lucado.

22 de abril de 2010

Pedí a Dios



Pedí a Dios fuerzas para alcanzar el éxito, y me hizo débil para obedecer con humildad.

Pedí a Dios salud para hacer cosas grandes, y me hizo frágil para hacer cosas mejores.

Pedí riquezas para ser feliz, y me dio pobreza para hacerme sabio.

Pedí poder para obtener elogio de los hombres, y me dio debilidad para sentir la necesidad de Dios.

Pedí todas las cosas para disfrutar de la vida, y me dio vida para disfrutar de todas las cosas.

No recibí nada de lo que pedí, pero todo lo que había esperado.

Casi a pesar de mí, obtuve lo que pedí sin expresarlo y soy entre los hombres el más abundantemente bendecido.

Fuente: Un soldado de la Confederación de Oración http://www.historyaddict.com/CSPrayer

Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Mateo 6:33.

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Colosenses 3:23

Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Salmo 37:4

21 de abril de 2010

El mundo necesita


Hombres y mujeres que no puedan ser comprados; cuya palabra sea su garantía; que pongan su carácter por encima de su riqueza; que posean opiniones y voluntad para el bien común; que sean más grandes que sus vocaciones; que no vacilen en correr riesgos; que no pierdan su individualidad en medio de la multitud; que sean tan honrados en las cosas pequeñas como en las grandes; que no transijan con lo malo; que no se avergüencen ni tengan temor de defender la verdad, aunque sea impopular, que puedan decir "No" con énfasis, aunque el resto del mundo diga "Si"; que no digan que ellos lo hacen "porque todos los demás lo hacen". Que sean leales a sus amigos, cuando reciben buenos o malos informes de ellos, tanto en la adversidad como en la prosperidad; que no crean que la astucia, el disimulo y la terquedad son las mejores cualidades para alcanzar el éxito. El mundo necesita hombres y mujeres que aman a Dios y le siguen. Anónimo.