En esta carrera que cada uno de nosotros corre mientras pasan los años de nuestra vida, muchas veces tropezamos, caemos, sentimos dolor, sufrimientos, frustraciones, temor a seguir adelante, y en ocasiones hasta deseos de darnos por vencidos y no continuar hacia la meta. El apóstol Pablo, al igual que cada uno de nosotros, sufrió y padeció, pero nunca desistió en su empeño de seguir adelante. En su carta a los filipenses, Pablo los exhorta a no desanimarse ante las dificultades diciéndoles: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” Filipenses 3:13-14.
El autor de la carta a los Hebreos nos alienta a correr la carrera de la fe y a perseverar hasta el fin siguiendo el ejemplo de aquellos que han ido antes que nosotros. La clave en el éxito de aquellos hombres y mujeres fue la fe. Dice Hebreos 11:1-2: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos”. Tener fe en Dios, confiar en el Señor y su fuerza nos llevará al final de la carrera, a pesar de las dificultades que encontremos en el camino. Jesús dijo a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” Juan 16:33. Sólo tenemos que confiar. Cristo nos llevará a la meta, porque él ya corrió esta carrera. El sufrió, fue humillado, avergonzado y torturado, pero llegó a la meta obteniendo la más resonante victoria que se haya producido en toda la historia de la humanidad... “y se sentó a la diestra del trono de Dios”.
Por todo esto debemos correr nuestra carrera con “los ojos puestos en Jesús”. Nuestros esfuerzos no son suficientes. Separados de él, dice Jesús, nada podemos hacer. El es quien nos capacita, nos da la fuerza, la sabiduría, el valor y la persistencia para correr esta carrera exitosamente. Decide hoy cambiar tu estrategia. No continúes corriendo tú solo. Apóyate en Jesús. Busca su rostro diariamente en oración, medita en su palabra, cede a él el control de tu vida. El te llevará hasta la meta que Dios tiene preparada para ti.
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”. Hebreos 12:1-2
Que tu fiel Corazón Le de aliento al mío Porque tú eres la razón Por el cual está vivo.
Que tu santo corazón Se una con el mío Y durante mi oración Te sienta como un río.
Tu tierno corazón Cubrió de amor el mío Con grande compasión, Me amó el Ser Divino.
Patricia J. Olivera Costilla.
Oración de fe
Quieres conocer a Dios? Y recibir su inmenso amor? Invítalo a vivir en tu corazón diciendo esta oración con fe:
Señor Jesucristo, reconozco que he pecado y hoy me arrepiento ante ti y te pido perdón. Te doy gracias por tu amor y porque moriste en la cruz por mis pecados y mi salvación. Te abro las puertas de mi corazón, te recibo y acepto en mi vida, toma el control ahora. Quiero nacer de nuevo y reconozco que solo tu tienes el poder para hacerlo. Te pido que sanes y restaures mi vida, te invito a ser mi Señor y salvador personal, te seguiré y serviré. Lléname de tu Santo Espíritu, quiero ser tu hijo(a), ser nuevo(a) en ti y ser salvo(a). Oro esto en el nombre de Cristo Jesús, gracias Señor, te amo. Amen.
Si haz hecho esta oración con fe recuerda, que ahora Jesucristo es tu Señor y amigo, y que ahora eres una nueva criatura. Experimenta su amor y presencia por medio del Espíritu Santo según él lo prometió en la Biblia:
Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Romanos 10: 9-10
Para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios. Efesios 3:17-19
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